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Apnea, una pesadilla que no solo quita el sueño

Ronquidos cada vez más fuertes, que se pueden interrumpir por un largo periodo de silencio y dificultad para respirar. A ese silencio le sigue un fuerte resoplido y un jadeo; solo tratas de respirar. Y así una y otra vez, durante toda la noche. Estos son los síntomas de la apnea obstructiva del sueño, una enfermedad más común de lo que pensamos, pues, según estudios epidemiológicos, el 26 por ciento de la población adulta está en riesgo de desarrollarla y el 9 por ciento lo hará en un futuro.

La apnea obstructiva del sueño se caracteriza por tener un número de diagnósticos muy bajo, ya que cerca del 80 por ciento de los afectados desconoce que padece esta enfermedad. Por ello, si se tiene alguna sospecha de sufrirla, lo más recomendable es acudir al médico para que realice las pruebas pertinentes y facilitar de algún modo esa detección.

Pero ¿cuáles son las causas que pueden provocar la apnea del sueño? Al dormir, los músculos del cuerpo se relajan más, incluidos los que ayudan a mantener la garganta abierta para que el aire fluya hacia los pulmones. De forma habitual, la garganta está lo suficientemente abierta durante el sueño para permitir el paso del aire, pero hay personas en las que, además de tener una garganta más estrecha, sus músculos de la parte superior de esta zona se relajan durante el sueño, provocando que los tejidos se cierren y bloqueen la vía respiratoria. Esta detención de la respiración se conoce como apnea del sueño.

Como decimos, el ronquido fuerte es uno de los principales síntomas de la apnea del sueño, pero eso no significa que todas aquellas personas que roncan la padezcan.

Las personas que sufren apnea del sueño tienen grandes dificultades para dormir placenteramente. Por ello, pueden despertarse cansadas por la mañana, sentirse soñolientas o adormecidas durante el día, actuar malhumoradas, impacientes, olvidadizas… También pueden sufrir trastornos como ansiedad, depresión, impotencia y pérdida de la libido.

En casos más graves, la apnea obstructiva del sueño puede provocar hipertensión arterial (presente en el 50 por ciento de los pacientes) y accidentes cardio y cerebrovasculares como el ictus y el infarto de miocardio. Asimismo, la somnolencia diurna puede hacer que los pacientes se duerman en el trabajo o conduciendo, provocando accidentes laborales y de tráfico.

El tratamiento para la apnea del sueño está enfocado a mantener las vías respiratorias abiertas, de manera que la respiración no se detenga durante el sueño; así, el paciente dejaría de roncar y de desarrollar bajadas de oxígeno. A esto hay que sumarle un cambio en el estilo de vida, como reducir o evitar la ingesta de alcohol, que empeora los síntomas; tratar de dormir de lado o boca abajo, pues al dormir boca arriba puede empeorar el ronquido, y bajar de peso. La obesidad puede ser un factor de riesgo para la apnea del sueño.

Con un tratamiento y un seguimiento apropiados y un cambio de estilo de vida prescrito por un profesional de la salud, los síntomas y los problemas asociados a la apnea del sueño se pueden corregir o mejorar de forma significativa, impactando en la calidad de vida y en la longevidad del paciente.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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