cine y salud

Cine y salud

  • El cáncer está presente en muchas películas españolas con gran éxito de taquilla. No son sólo los adultos los que se ven sometidos a esta dolencia en la gran pantalla, en los últimos años hemos podido ver grandes producciones en las que esta enfermedad se topa con los más pequeños.
  • Es indudable la capacidad del cine para provocar emociones y estimular la empatía con los personajes y sus situaciones.

 

En el cine es común ver historias fantásticas, de ciencia ficción y de comedia, pero en infinidad de películas las enfermedades, dolencias y trastornos son protagonistas. Los problemas de salud no han escapado del cine acercándonos el sentir de los actores convertidos durante un par de horas en pacientes. Pero, ¿cuán fieles son las versiones cinematográficas a la realidad? ¿Qué opinan médicos, investigadores y pacientes de las enfermedades llevadas a la gran pantalla?

Este domingo se entregan los Premios Goya, y como viene siendo habitual, entre las nominadas encontramos películas que nos acercan el día a día de personas enfermas. Se trata de Maktub (2011), un film dirigido por Paco Arango, que nos acerca el día a día de Antonio, un chico de quince años que tiene un tumor; y El muerto y ser feliz, protagonizada por el veterano José Sacristán, que interpreta a un asesino a sueldo enfermo de cáncer terminal.

Y es que el cáncer está presente en muchas películas españolas con gran éxito de taquilla. No son sólo los adultos los que se ven sometidos a esta dolencia en la gran pantalla, en los últimos años hemos podido ver grandes producciones en las que esta enfermedad se topa con los más pequeños. Planta 4ª (2003) es un buen ejemplo. Este film nos acerca a un grupo de adolescentes de 15 años, que se encuentran en la Planta de Traumatología de un hospital y que con su alegría y juventud y por qué no, con sus pequeñas travesuras, logran hacer más llevadera la estancia en el centro.

La misma actitud ante la vida comparte la protagonista de Mi vida sin mí (2003) cuya existencia gris cambia completamente tras el diagnóstico de un cáncer avanzado, que le dejaría poco tiempo de vida. A partir de ahí, paradójicamente, descubre el placer de vivir, guiada por un impulso vital: completar una lista de “cosas por hacer antes de morir”.

En cualquier caso, es indudable la capacidad del cine para provocar emociones y estimular la empatía con los personajes y sus situaciones. Y es que nadie pone en duda la capacidad del también conocido como séptimo arte para la promoción y la modificación de creencias, actitudes y valores. Por ello, los problemas de salud no han sido ajenos a nuestros mejores directores.

Cruzando el charco nos topamos con algunas películas memorables de interpretación magistral, protagonizadas por grandes actores. Es el caso de Jack Nicholson, quien se convertía en la oscarizada Mejor Imposible (1997) en un escritor de novelas románticas que padece un trastorno obsesivo-compulsivo, cuyas manías irritaban a todo el que le rodeaba. Sólo Nicholson podía interpretar así a un personaje tan al borde del disparate, y hacerlo creíble y emocionante. Otra de las triunfadoras en los Oscar ha sido Forrest Gump (1994), film cómico-dramático, que todos recordamos por la capacidad de Tom Hanks de meterse en la piel de un joven, que a pesar del leve retraso mental y motor que padece, logra cumplir todos sus sueños y objetivos, siendo testigo privilegiado, y en algunos casos actor decisivo, de muchos de los momentos más transcendentales de la historia de Estados Unidos en el siglo XX.

Seguro que todos hemos llorado, reído o aprendido algo con alguno de estos personajes. Y lo que queda claro es que si bien la salud del cine no pasa por sus mejores momentos, los problemas de salud sí son un referente para muchos de sus argumentos.

 

Departamento de Comunicación de Merck

 

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