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¿Cómo afecta la contaminación a nuestra salud?

Son muchos los efectos a corto y largo plazo que la contaminación atmosférica urbana puede ejercer sobre las personas, pues dicho fenómeno provoca un problema de salud pública: aumenta el riesgo de padecer alergias; enfermedades respiratorias agudas, como la neumonía, y crónicas, como la EPOC; cáncer de pulmón y enfermedades cardiovasculares. Desde el punto de vista de la salud pública, es importante destacar que, aunque la magnitud del impacto en salud es pequeño, la proporción atribuible a la contaminación atmosférica es importante, pues toda la población está expuesta.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se calcula que en el mundo 1,3 millones de personas mueren en un año a causa de la contaminación atmosférica urbana, y más de la mitad de esas muertes ocurren en los países en desarrollo. Esto se debe a que la contaminación del aire representa un grave problema de higiene del medio que afecta a los habitantes tanto de los países en desarrollo como de los desarrollados. La OMS también asegura que los residentes de las ciudades donde hay niveles elevados de contaminación atmosférica padecen más enfermedades cardiacas, problemas respiratorios y cánceres de pulmón que quienes viven de continuo en zonas urbanas en las que el aire es más limpio.

Estos niveles de contaminación también pueden tener efectos a corto o medio plazo en la salud de las personas. Un ejemplo de ello puede ser que una persona que padece asma tiene mayor riesgo de sufrir una crisis asmática los días en los que las concentraciones de ozono a nivel del suelo son más elevadas, mientras que las personas expuestas durante varios años a concentraciones elevadas de material particulado tienen un riesgo mayor de padecer enfermedades cardiovasculares.

Las enfermedades respiratorias, el asma y las alergias también están asociadas con la contaminación del aire. En este sentido, el asma y las alergias han aumentado durante las últimas décadas en toda Europa. Aproximadamente un 10 por ciento de la población infantil padece alguna de estas enfermedades. Según la Sociedad Española de Inmunología Clínica, Alergología y Asma Pediátrica (SEICAP), se calcula que una cuarta parte de las personas de los países desarrollados tiene alguna alergia, siendo la contaminación uno de los motivos del gran aumento que se ha producido en este sentido en las últimas décadas.

En el caso de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la exposición a la contaminación ambiental se relaciona con una mayor incidencia y prevalencia de esta patología. En este sentido, la contaminación aumenta las exacerbaciones y los ingresos hospitalarios, además de acentuar sus propios síntomas.

Por su parte, un estudio publicado en ‘Lancet Oncology’, coordinado por la Universidad de Utrecht (Holanda), concluyó que el tabaco no era el único causante del cáncer de pulmón, ya que la exposición a la contaminación atmosférica puede provocar un subtipo de cáncer pulmonar denominado adenocarcinoma.

Aunque es intuitivo que la contaminación del aire es un estímulo importante para el desarrollo de la exacerbación de las patologías respiratorias como las mencionadas anteriormente, hay menos conciencia pública de que la polución atmosférica incide directamente en el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Y es que, según la Sociedad Española de Cardiología, la contaminación del aire ambiente ocupa el noveno lugar entre los factores de riesgo de este tipo de patologías modificables, por encima de otros factores como la escasa actividad física, la dieta alta en sodio, el colesterol alto y el consumo de drogas. Entre las múltiples vías que vinculan la contaminación del aire a la morbilidad y mortalidad cardiovascular, los más relevantes son la inducción de estrés oxidativo, la inflamación sistémica, la disfunción endotelial, la aterotrombosis y la arritmogénesis.

Si bien es cierto que la forma más eficiente de protegerse frente a la polución atmosférica es vivir en lugares en los que estos niveles no sean perjudiciales para la salud, no es algo tan sencillo, ni algo que depende solo de uno mismo. Por ello, en los días en los que la polución del aire es más acusada conviene aplicar las medidas de protección que recomiendan las autoridades públicas y sanitarias, al igual que evitar, en la medida de lo posible, pasear o realizar ejercicio intenso en calles y vías de mucho tráfico rodado.

Departamento de Comunicación de Merck

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