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Cómo influye la actividad física en la salud mental

No es secreto que un estilo de vida activo proporciona un aparente efecto protector contra la incidencia de trastornos mentales tales como la ansiedad y la depresión. Según la evidencia científica, ese estilo de vida caracterizado por un patrón regular de actividad física en el tiempo libre mejora el funcionamiento cognitivo y la salud mental. Además, unirse a actividades deportivas o programas de ejercicio se asocia con una mejor calidad de vida, una mejor condición física y también un mayor bienestar psicológico y emocional.

Recientemente, un estudio del Instituto Black Dog, de Sidney (Australia), publicado en la revista American Journal of Psychiatry, aseguraba que practicar una única hora de ejercicio a la semana podría llegar a prevenir los efectos de la depresión. Este trastorno, según la Organización Mundial de la Salud, lo sufren 300 millones de personas y es actualmente la principal causa de discapacidad.

El estudio del Instituto Black Dog cuantifica por primera vez el potencial preventivo de una sola hora de actividad física para reducir futuros niveles de depresión. Los autores siguieron durante once años la evolución de 33.908 adultos noruegos que habían respondido a cuestionarios sobre la actividad física que realizaban habitualmente y sus síntomas depresivos y de ansiedad.

Según el estudio, los participantes que no realizaban ningún tipo de actividad física presentaban un riesgo un 44 por ciento mayor de desarrollar un trastorno depresivo que aquellos que dedicaban una o dos horas a la semana a practicar ejercicio. Además, de todos los casos de depresión registrados durante la investigación, hasta un 12 por ciento de ellos podrían haberse prevenido de haber realizado deporte durante una hora a la semana, independientemente de la intensidad.

Pese a ello, no hay que olvidar que estas investigaciones también sugieren una dosis-respuesta; es decir, que cuanto más ejercicio físico se practique (más de cinco horas por semana), menor será la probabilidad de caer en una depresión. A ese efecto de prevención, hay que añadirle el efecto terapéutico que provoca el ejercicio físico. Y es que, para las personas que padecen depresión, unido a su tratamiento prescrito, puede reducir los síntomas depresivos, sobre todo si la actividad que se practica es aeróbica (nadar, montar en bici, correr…), por encima de una que implique fuerza.

No es imprescindible ‘machacarse’ en el gimnasio, ni entrenar para preparar una maratón. Basta con caminar, nadar, un paseo en bicicleta… Y es que el beneficio que la actividad física puede provocar en nuestra salud mental es independiente de la intensidad con la que se practique.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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