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¿Cómo sufre nuestro cuerpo con las altas temperaturas?

Entre las capacidades de los seres humanos se encuentra la homeotermia, por la que el organismo, a través del cerebro, mantiene la temperatura corporal dentro de unos límites, es decir, entre los 35,8 y los 37,2 °C, causando algún tipo de trastorno en el cuerpo si estos límites se ven superados.

Para mantener estos límites y equilibrar la temperatura corporal, el hipotálamo anterior, un centro termorregulador, recibe información desde distintas partes del cuerpo por parte de los termoreceptores y pone en marcha distintos mecanismos adaptativos. Si hace mucho frío, se activan los que logran elevar la temperatura, como es la tiritona o la vasoconstricción.

En cambio, cuando una persona se ve expuesta a ambientes con altas temperaturas, se activan los mecanismos fisiológicos que eliminan calor. Esto se hace, principalmente, a través de la producción de sudor, en la que dicha eliminación se produce solamente cuando éste se evapora, y a través del aumento del flujo sanguíneo, en el que la dilatación de los vasos sanguíneos de la piel facilita la transferencia de calor desde el organismo al ambiente.

¿Y por qué sube la temperatura de nuestro cuerpo? Las causas principales por las que nuestro organismo supera los márgenes de temperatura pueden ser tanto ambientales (temperatura ambiental alta, humedad atmosférica elevada y sobrecarga de calor por radiación), como endógenas (fiebre, esfuerzo muscular por trabajo o deporte e hipotermia maligna).

Con la llegada del verano, el factor ambiental es el que más nos trae de cabeza, pues las temperaturas tienden a dispararse. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la temperatura ambiente óptima para que el cuerpo humano se mantenga a su temperatura ideal oscila entre los 18 y los 24 grados centígrados, y cualquier nivel más elevado provoca que los riesgos para la salud se incrementen. Si el organismo se calienta hasta los 39-40 grados, el cerebro le dice a los músculos que trabajen menos, y de esta forma comenzamos a sentirnos más fatigados.

Además de estos síntomas, el calor puede provocar calambres musculares cuando se ha sudado una gran cantidad de agua que no has podido reemplazar a través de la hidratación. Es decir, no recibes la cantidad suficiente de electrolitos, y esto desemboca en un desequilibrio de sal que provoca el calambre. Ser muy intolerante al calor puede dar lugar a la aparición de vértigos y, en ocasiones, pequeños puntos rojos en la piel conocidos como edemas.

Otra de las consecuencias que acarrean las altas temperaturas es que pueden aparecer mareos y confusión, provocados por el aumento del flujo sanguíneo en los vasos sanguíneos dilatados y la pérdida de líquidos a través del sudor. En casos extremos, una caída temporal en el flujo de sangre al cerebro puede provocar pérdida de la conciencia. Esto se conoce como síncope por calor.

A medida que aumenta la temperatura central de tu cuerpo, superando los 37 grados, el sudor se hace más pesado, la sed más intensa, aumentan los mareos y te sientes cada vez más cansado. Esto se conoce como agotamiento por calor, y es provocado por una pérdida de líquidos y sales corporales.

En casos más graves, un calor asfixiante puede provocar un golpe de calor. Para que esto ocurra, la temperatura corporal superará los 40 grados, provocando que los mecanismos del cuerpo encargados de mantener esa temperatura en los límites saludables comiencen a fallar. Confusión, pérdida de la consciencia, convulsiones o piel muy caliente son algunos de sus síntomas. En este caso, la atención médica será de vital importancia para evitar cualquier daño orgánico.

Estas consecuencias dependen en gran medida del grado de vulnerabilidad. Ancianos, bebés, niños pequeños, personas con enfermedades crónicas y mujeres embarazadas son menos tolerantes al calor extremo y, en consonancia, más susceptibles de sufrir alguno de estos efectos.

Para evitar cualquier susto, es fundamental estar continuamente hidratado, darse duchas tibias, evitar hacer ejercicio intenso en las horas centrales del día y de máxima exposición solar, y vestirse con ropas ligeras y claras. Si el calor se hace insoportable, lo más recomendable es buscar la sombra y ambientes más fríos para reducir la temperatura corporal.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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