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Cómo vivir con una enfermedad mental

Esquizofrenia, depresión, ansiedad, trastorno bipolar… En pleno siglo XXI, las enfermedades psiquiátricas y neurológicas siguen siendo desconocidas por parte de la sociedad. Ese desconocimiento provoca, en algunos casos, cierto miedo y estigmatización, lo que conlleva un mayor aislamiento social del paciente.

Apatía, falta de ganas de salir a la calle y desempeñar una rutina o dificultad para conseguir un empleo estable son algunos de los comportamientos que identificamos con pacientes que padecen un trastorno mental. Como consecuencia, una gran mayoría de estas personas esconde su enfermedad por miedo al rechazo social.

Existe una gran variedad de trastornos mentales, cada uno con sus manifestaciones, y su prevalencia mundial continúa aumentando. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es una de las enfermedades más prevalentes en el mundo, pues más de 300 millones de personas conviven diariamente con ella; 21 millones lo hacen con la esquizofrenia, y cerca de 60 millones, con trastorno bipolar, entre otras.

La calidad de vida de cada persona que sufre una de estas patologías varía en función de la gravedad de los síntomas o episodios. En este sentido, el paciente puede llevar una vida normal, integrado plenamente en la sociedad; estar en constante tratamiento y bajo supervisión, y, en casos muy graves, requerir la hospitalización psiquiátrica.

En estos casos más graves, los pacientes pierden la capacidad cerebral de procesar bien la información que reciben a través de los estímulos sensoriales. Se pierde, a su vez, el reconocimiento de la realidad, la lógica, la capacidad de pensar claramente… Todo esto supone un reto tanto para las personas que padecen la enfermedad, como para sus cuidadores y las personas que están a su alrededor.

Las personas con enfermedad mental a menudo tienen que enfrentarse a un doble problema: por un lado, la sintomatología de la propia enfermedad, y por otro, el estigma. Según el trastorno mental que sea, pueden sufrir alucinaciones recurrentes, delirios, ansiedad o cambios del estado de ánimo. Estos síntomas suelen dificultar conceptos como trabajar, vivir independientemente o lograr una calidad de vida satisfactoria.

La enfermedad mental no conduce solo a dificultades que derivan de los síntomas de la enfermedad, sino también a desventajas sociales. En este término, no son pocos los malentendidos de dicha sociedad sobre los diversos trastornos mentales, dando como resultado el estigma. De esta forma, personas que lleven su enfermedad lo suficientemente bien como para enfrentarse a un trabajo, pueden tener dificultades para encontrar un puesto de trabajo.

Además, en algunos casos las personas con enfermedad mental pueden aceptar prejuicios comunes sobre la propia patología y perder por completo la confianza en sí mismos.

Frente a este estigma, la concienciación sobre la enfermedad a través de campañas y medios de comunicación, junto con la educación, han jugado un papel fundamental en el aumento de la aceptación por parte del conjunto de la sociedad.

No obstante, el factor que poco a poco va logrando que los efectos de la educación sobre la reducción del estigma estén en aumento es el contacto directo y el apoyo a los pacientes que viven con enfermedades mentales. De esta forma, será más fácil lograr que no se sientan excluidos socialmente.

 

Departamento de Comunicación de Merck

 

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