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Depresión, una epidemia silenciosa en el siglo XXI

La tristeza, el desconsuelo o la melancolía son sentimientos que aparecen a lo largo de nuestra vida al igual que la alegría, el placer o el entusiasmo. El problema surge cuando estos sentimientos negativos se afianzan y se alargan en el tiempo, convirtiéndose en patológicos y provocando la pérdida del interés, la motivación, las ganas de disfrutar o la energía frente a la vida. Estos síntomas describen el trastorno depresivo, una enfermedad que afecta a más de 300 millones de personas en el mundo y que supone la principal causa mundial de discapacidad, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La depresión no debe confundirse con las variaciones habituales del estado de ánimo que surgen ante los problemas de la vida; es mucho más que eso. Según la Asociación Nacional de Ayuda al Enfermo de Depresión, la depresión es un trastorno psicológico afectivo que provoca cambios importantes en la manera de pensar, sentir y comportarse. Este trastorno puede ser causa de bajadas transitorias del estado de ánimo, pero también del síndrome clínico. Además, probablemente sea el trastorno psicológico que más daño hace a la persona que lo padece y a la gente de su alrededor.

Las causas que provocan este trastorno son muy variadas, aunque la bioquímica puede llegar a explicar algunos casos. Ciertos estudios sugieren que las personas deprimidas muestran niveles muy altos de la hormona cortisol y de varios agentes químicos como los neurotransmisores de serotonina, dopamina y noradrenalina. Esta alteración puede deberse a motivos hereditarios y puede acentuarse si los niños reciben desde pequeños una visión triste del mundo o crecen en un ambiente poco enriquecedor.

En caso de no estar relacionado con la genética o el ambiente familiar, las causantes de estos cambios químicos que impulsen el trastorno depresivo pueden ser también las pérdidas emocionales profundas pueden, tales como una ruptura sentimental, la muerte de alguien cercano, el diagnóstico de una enfermedad grave o la pérdida del trabajo.

La sintomatología que presenta este trastorno varía desde los síntomas afectivos, como el sentimiento de culpa, la tristeza, la vergüenza, la cólera o la ansiedad; los síntomas motivacionales, como la pérdida de motivación, la dependencia y la tendencia a la evitación; los cognitivos, caso de la indecisión, la percepción catastrófica de los problemas o la autocrítica excesiva; síntomas conductuales como la pasividad, la evitación o la inercia, y los síntomas fisiológicos, como las alteraciones del sueño, del apetito y de la actividad sexual.

En este sentido, el principal criterio de clasificación de los trastornos depresivos radica en la gravedad de los síntomas anunciados. Habitualmente, se habla del trastorno depresivo mayor, que se manifiesta por una combinación de síntomas descritos anteriormente que interfieren en la capacidad de vivir diariamente con normalidad. De menos gravedad, el trastorno distímico incluye síntomas crónicos que no incapacitan tanto, pero que sí pueden interferir en el bienestar de la persona. Su principal característica es que el estado de ánimo depresivo está presente la mayoría de los días durante, al menos, dos años. Menos frecuente es el trastorno bipolar, caracterizado por cambios cíclicos y muy acentuados en el estado de ánimo (fases de ánimo elevado o eufórico conviven con fases de ánimo bajo).

Aunque estos episodios depresivos se presenten como episodios únicos, pueden tener consecuencias negativas y complicaciones a largo plazo para la persona que los ha sufrido. De cara al futuro, podría mermar su confianza en la estabilidad emocional y en su capacidad de afrontar con éxito futuras situaciones de estrés, además de sufrir una modificación más o menos permanente de las estructuras funcionales del cerebro implicadas en los mecanismos que originan los cuadros depresivos.

Hacer frente a un trastorno depresivo no es nada fácil, y en algunas ocasiones no se llega a superar del todo. En caso de sentir algunos de los síntomas durante un tiempo prolongado, es recomendable acudir a un profesional para que evalúe el grado de trastorno que se padece y el tratamiento que se debe seguir a partir de ese momento.

El próximo viernes, 7 de abril, se celebra el Día Mundial de la Salud, que este año está dedicado a hablar de la depresión. Desde Merck, queremos sumarnos al apoyo a todas las personas que la padecen y recordarles que no están solos.

 

Departamento de Comunicación de Merck

 

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