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EPOC: prevalencia y cómo afrontarla

Más de 251 millones de personas padecen la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) en todo el mundo, según estima la Organización Mundial de la Salud, y cerca de 3,17 millones fallecieron a causa de ella, lo cual representa un 5 por ciento de las muertes registradas en 2015. En España, tal y como publica la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR), la prevalencia es del 10,2 por ciento de la población (el 15, 1 por ciento en varones y el 5,7 por ciento en mujeres) de entre 40 y 80 años, sin olvidar el alto índice de infradiagnóstico, que se sitúa en el 73 por ciento. La OMS vaticina que la EPOC, en 2030, se habrá convertido en la cuarta causa de muerte en todo el mundo.

La enfermedad pulmonar obstructiva crónica es una enfermedad respiratoria, progresiva y potencialmente mortal, tal y como señalan los datos anteriormente citados, que puede causar disnea y que predispone a quien la padece a sufrir exacerbaciones y enfermedades graves. La EPOC es una enfermedad que en muchos casos puede evitarse, ya que el principal factor de riesgo es el tabaquismo. Le siguen la contaminación del aire en locales cerrados, la contaminación del aire exterior y la exposición continuada a polvos y productos químicos en el entorno laboral.

La EPOC se caracteriza por ser más prevalente a edades avanzadas, a partir de los 40 ó 50 años, y más del 90 por ciento de los fallecimientos a causa de esta enfermedad se produce en países de ingresos medios y bajos, donde las estrategias de prevención o bien no tienen medios para aplicarse o bien no son accesibles para los pacientes.

Con el proceso de envejecimiento, se presenta junto a otras enfermedades, como las cardiopatías o las alteraciones metabólicas.  Estudios recientes  han observado que los pacientes presentan defectos en los procesos de reparación celular y disminución de las moléculas que protegen contra el envejecimiento, lo que provoca que se precipiten aún más los efectos del avance de la edad en las células.

La evolución de la EPOC tiende a ser lenta, se diagnostica habitualmente a través de una espirometría, una prueba que mide el volumen y la rapidez de una espiración, calculando así la capacidad pulmonar del paciente. Sus síntomas van desde la disnea, la tos crónica o la expectoración hasta, en casos más graves y a medida que avanza la enfermedad, no poder enfrentarse a tareas cotidianas como subir unas escaleras.

Pese a no ser una enfermedad curable, el tratamiento farmacológico, junto con la fisioterapia respiratoria, puede ayudar bastante al paciente y lograr que, en la medida de lo posible, mejore notablemente su calidad de vida. No nos podemos olvidar de que el factor clave que contribuye a una mejora en la capacidad respiratoria y en el desarrollo de la EPOC es que los fumadores dejen por completo este hábito.

En casos en los que la EPOC no incapacite por completo al paciente, poner empeño en lograr pequeños retos diarios, como dar un paseo, subir unas escaleras o realizar tareas del hogar puede lograr que los síntomas mejoren y las personas que día a día viven con esta patología se sientan mejor y con más ánimo.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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