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Esquizofrenia: prevalencia, síntomas y papel del cuidador

Alucinaciones, delirios o alteraciones del comportamiento son algunos de los síntomas que comúnmente se asocian con las personas que padecen esquizofrenia. Pero… ¿a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de psicosis o esquizofrenia? El término psicosis se usa para describir un estado mental en el que se pierde el contacto con la realidad, alterando la relación de la persona con el mundo. En este sentido, se puede hablar de esquizofrenia cuando estas experiencias psicóticas se mantienen durante un tiempo determinado y requieren un tratamiento para recuperarse.

Según la Organización Mundial de la Salud, la esquizofrenia se caracteriza por una distorsión del pensamiento, las percepciones, las emociones, el lenguaje, la conciencia de sí mismo y la conducta. Se estima que más de 21 millones de personas padecen este trastorno en el mundo y 400.000 en España. Puede asociarse también a una discapacidad considerable y afectar al desempeño educativo y laboral, por no hablar del mayor riesgo que estas personas tienen respecto al resto de la población de padecer enfermedades cardiovasculares, metabólicas e infecciosas.

Según el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM), la esperanza de vida de las personas que padecen esquizofrenia se reduce en casi 20 años debido a estos problemas de salud física y a una mayor tasa de suicidio más alta. Este trastorno mental suele aparecer al final de la adolescenciao tempranal inicio de la edad adulta, y son varios los factores que afectan a su aparición. Algunos hacen referencia a variables intrínsecas de la persona, como la biología, la genética o su historia personal. Otros se ven afectados por el propio entorno, como episodios traumáticos, situaciones de gran estrés o consumo de sustancias tóxicas. La combinación de muchos de estos factores puede terminar produciendo la aparición de la psicosis.

Según la Asociación Madrileña de Amigos y Familiares de personas con Esquizofrenia (AMAFE), en el campo de la psiquiatría tradicionalmente se han separado los síntomas psicóticos en dos grandes grupos: positivos y negativos. Los primeros de ellos pueden definirse como aquellos que, en comparación con alguien que no está experimentando estos síntomas, suponen un exceso respecto a lo habitual, como las alucinaciones, los delirios o la desorganización del pensamiento. Por el contrario, los síntomas negativos se manifiestan en forma de carencia, como la anhedonia (, la asociabilidad o el aplanamiento afectivo.

Además del tratamiento, tanto farmacológico como terapéutico, el papel del cuidador es esencial en el proceso de recuperación del paciente con esquizofrenia. En este sentido, un estudio de la Federación Europea de Asociaciones de Familias de Personas con Enfermedades Mentales (EUFAMI) destaca que un 72 por ciento de los cuidadores que viven con una persona con esquizofrenia son los principales o los únicos responsables de su cuidado, lo que supone una gran carga tanto emocional como física. Los cuidadores desempeñan este papel durante una media de 16 años, y, dada la naturaleza indeterminada y a largo plazo de la esquizofrenia, pasan una media de 23 horas semanales cuidando a la persona afectada.

Las personas que conviven diariamente con la enfermedad, además de lidiar con los síntomas propios, deben hacer frente al estigma y la discriminación social, provocado habitualmente por el desconocimiento por parte de la ciudadanía. Esta discriminación puede limitar el acceso a la atención sanitaria general, la educación, la vivienda y el empleo. En este sentido, las asociaciones de pacientes y cuidadores trabajan a conciencia para superar estos obstáculos y favorecer la plena inserción en la sociedad de las personas que día tras día se enfrentan a esta enfermedad.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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