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Fisioterapia, tipos y beneficios para la salud

En 1968, la Organización Mundial de Salud definió la fisioterapia como “el arte y la ciencia del tratamiento por medio del ejercicio terapéutico y agentes físicos como el calor, el frío, la luz, el agua, el masaje y la electricidad”. Por su parte, la Confederación Mundial por la Fisioterapia (WCPT) afirma que es “el conjunto de métodos, actuaciones y técnicas que, mediante la aplicación de agentes físicos, cura, previene, recupera y readapta a los pacientes susceptibles de recibir tratamiento fisioterápico”.

Esta disciplina interviene de forma positiva en la salud del paciente de varias maneras. La fisioterapia puede ayudar a combatir los síntomas de algunas patologías, ya que las técnicas utilizadas pueden actuar contra el dolor y la inflamación de lesiones musculares y articulares y a combatir algunas enfermedades, como las de la piel (acné, psoriasis e ictericia).

Muchos de los ejercicios utilizados en esta disciplina están destinados a reeducar conductas posturales y mejorar el organismo con el fin de prevenir enfermedades y molestias en personas de riesgo por determinados factores. También está indicada, en muchos casos, para amortiguar y frenar el impacto de los efectos producidos por enfermedades degenerativas o lesiones cerebrales, tales como la esclerosis múltiple, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) o el Parkinson.

Para lograr estos efectos, se utilizan multitud de técnicas, que pueden dividirse según las herramientas y medios empleados. La primera de ellas, la terapia manual, es la que se lleva a cabo a través de las propias manos del fisioterapeuta, una de sus principales herramientas. En este grupo podemos incluir la fisioterapia respiratoria, que tiene como objetivos prevenir posibles disfunciones respiratorias, restituir el desarrollo y el mantenimiento óptimo de la función pulmonar, y mejorar la calidad de vida del paciente. Es una herramienta terapéutica válida que tiene el médico, en general, y el neumólogo, en particular, para ayudar al paciente respiratorio.

Dentro de este grupo también se incluye la fisioterapia neurológica, que se basa en el conjunto de terapias que tratan afecciones del sistema nervioso para educar el tono postural, sinergias y patrones neuromotores patológicos y se indica para personas con Parkinson, esclerosis múltiple o ELA. La intervención fisioterapéutica en Neurología no se basa en guías o protocolos sobre cómo debe ser la aplicación de una determinada estrategia. Estas estrategias no siempre arrojan los mismos resultados, por lo que es necesario que el fisioterapeuta valore los logros y dificultades que puedan presentarse.

Además, como terapia manual pueden considerarse la masoterapia, la kinesioterapia, la fisioterapia manual ortopédica, los métodos manuales de reeducación de la conducta postural, los estiramientos analíticos, la fisioterapia obstétrica o la fibrólisis diacutánea.

Otro grupo de técnicas es la que se realiza mediante agentes físicos y naturales. En este grupo se incluyen la electroterapia o ultrasonoterapia, técnicas que consisten en la aplicación de corrientes eléctricas o ultrasonidos sobre determinadas zonas del cuerpo; termoterapia y crioterapia, métodos que utilizan el frío o el calor; la hidroterapia, que utiliza el agua como método terapéutico; la mecanoterapia y presoterapia, que hacen referencia a aquellos tratamientos en los que es necesario el uso de aparatos mecánicos, y la magnetoterapia y fototerapia, que consisten en el desarrollo de un tratamiento a través de campos electromagnéticos.

La fisioterapia cumple un papel fundamental como herramienta de mejora de la salud, ya que, además de frenar el impacto de los efectos de algunas enfermedades neurodegenerativas o de reeducar conductas posturales, puede tener un carácter preventivo, pues se recomienda a todas aquellas personas que desean mantener un nivel óptimo de salud.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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