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Grandes mujeres científicas

Albert Einstein, Isaac Newton, Louis Pasteur, Alexander Fleming, Charles Darwin… Al oír hablar de ciencia, los nombres que acuden a la cabeza suelen ser masculinos, y es que a lo largo de los siglos decenas de mujeres brillantes y con grandes hallazgos científicos a sus espaldas fueron silenciadas por su condición de género. Por suerte, en las últimas décadas se está haciendo mucha fuerza por visibilizar el papel de la mujer científica y sacarla del ostracismo al que se ha visto sometida durante años. Desde aquí queremos rendir un pequeño homenaje a aquellas científicas que a lo largo de la historia han aportado grandes logros y que no han obtenido el debido reconocimiento.

Hypatia de Alejandría: nació en Alejandría alrededor del 370 d. C. y está considerada por muchos como la primera mujer científica, pues es también la primera mujer dedicada a la ciencia cuya vida está bien documentada. Destacó en los campos de la astronomía, las matemáticas y la filosofía, y su trabajo más extenso fue en álgebra. Aunque todos sus escritos se han perdido en el tiempo, sí podemos encontrar referencias a ellos. También se interesó en la mecánica, mejoró el diseño de los astrolabios, instrumentos que sirven para medir la posición de las estrellas sobre la bóveda celeste e inventó un densímetro. Estos logros también la consagran como una pionera en el mundo de la tecnología.

Ada Lovelace (1815-1852): conocida como la primera programadora de la historia, fue una mujer adelantada a su tiempo, que se dejó llevar por el mundo de las matemáticas y que, gracias a esa pasión, inventó una notación para describir algoritmos en una máquina analítica diseñada por el matemático Charles Babbage. Esta notación se convirtió en el primer lenguaje de la programación. Un siglo más tarde, el Departamento de Defensa de Estados Unidos desarrolló un lenguaje de programación que llamó ‘ADA’, en homenaje a ella.

Marie Curie (1867-1934): pionera en el campo del estudio de la radiación, a través de sus investigaciones descubrió dos nuevos elementos: el radio y el polonio. Además, se convirtió en la primera mujer en ganar un Premio Nobel, concretamente de Física, galardón que compartió con su marido, Pierre Curie. Dedicó 35 años de su vida al estudio de la radiactividad: al observar sus efectos de quemazón sobre la piel, los Curie propusieron el radio como tratamiento de tumores cancerígenos, dando lugar a la ‘curieterapia’, más tarde renombrada como radioterapia.

Lise Meitner (1878-1968): Meitner es la única mujer que tiene un elemento en la tabla periódica en su honor, el meitnerio, y es que méritos para ello no le faltan: formó parte del equipo que descubrió la fisión nuclear, un logro con el que su compañero Otto Hahn fue galardonado con el Premio Nobel de Química, pese a que muchos historiadores que han documentado este hecho creen que Meitner debería haberse hecho con el galardón junto a Hahn.

Dorothy Crowfoot (1910-1994): nacida en El Cairo (Egipto), siempre profesó un gran interés por la química, y se preparó a conciencia para entrar en Oxford, donde recibió un grado de honor de primera clase, siendo la tercera mujer en conseguirlo. El trabajo de Crowfoot se centró en desarrollar una poderosa técnica de análisis, la llamada cristalografía de rayos X, para su uso en macromoléculas biológicas. En este sentido, ella misma descifró la estructura tridimensional de, entre otras muchas moléculas, el colesterol, la penicilina, la vitamina B12 y la insulina. Con este trabajo se convirtió en la tercera mujer en conseguir un Premio Nobel, después de Marie Curie e Irene Joliot-Curie, hija de la primera.

Rita Levi-Montalcini (1909-2012): los progresos que en los últimos años se están haciendo sobre los tratamientos del Parkinson y el Alzheimer son posibles, en gran medida, gracias a los hallazgos de esta científica italiana. Durante la Segunda Guerra Mundial, continuó en clandestinidad con sus investigaciones sobre el crecimiento de las fibras nerviosas en embriones, base de los futuros trabajos que revolucionarían la Neuroembriología. Las décadas dedicadas puramente a la investigación culminarían con el descubrimiento del Factor de Crecimiento Nervioso, hecho que la llevó a conseguir el Premio Nobel de Medicina en 1986.

A esta larga lista podríamos añadir a la española Margarita Salas (1938), cuya principal contribución al campo de la ciencia es su estudio sobre el virus bacteriano Phi29, que nos ha permitido conocer cómo funciona el ADN. Junto a ella, podemos enumerar a Alice Ball, química que desarrolló el tratamiento más efectivo para curar la lepra; Valentina Tereshkova, primera mujer astronauta; Katherine Johnson, Dorothy Vaughan y Mary Jackson, las mujeres que hicieron posible la llegada a la luna; Elizabeth Blackburn, descubridora de la telomerasa; Rosalind Franklin, quien descubrió una fotografía que demostraba la doble hélice del AD, y Hedy Lamarr, inventora de un sistema de comunicación que es la base de lo que hoy conocemos como Wi-Fi.

Unos pocos ejemplos de un sinfín de nombres y mentes brillantes dignos de ser estudiados, recordados y reconocidos, porque muchos de los grandes hallazgos del mundo científico fueron y son obra de ellas.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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