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Infertilidad, cuando el deseo de ser madre tarda en llegar

La situación laboral, la incertidumbre económica, el desarrollo de la carrera profesional o la falta de pareja estable se han convertido en las principales causas del retraso en la maternidad en España, y con ello se ha contribuido a que los problemas de infertilidad y la dificultad para concebir vayan en aumento. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2015 la edad media para tener el primer hijo en España fue de 31,9 años.

Los expertos afirman que retrasar la edad para tener un hijo implica que disminuyan las probabilidades para conseguir un embarazo y aumenten  los riesgos de la madre y el feto. Afrontar la maternidad superados los 35 años ha hecho que aumente la demanda y el desarrollo de los tratamientos de fertilidad y reproducción asistida, y, a su vez, de las técnicas de preservación de la fertilidad, que consisten en conservar los óvulos de la mujer durante su edad más fértil para utilizarlos posteriormente, combatiendo así los efectos del paso del tiempo. De esta forma, es posible elegir el momento adecuado para ser madre, teniendo en cuenta distintos factores y manteniendo altas las posibilidades de ser madre.

La Sociedad Española de Fertilidad (SEF) establece como uno de los principales tratamientos de fertilidad la inseminación artificial, bien con semen del donante o bien con semen de la pareja. Se trata de una técnica de reproducción asistida que se emplea principalmente en casos de esterilidad en los que la paciente tiene al menos una trompa uterina permeable o en aquellas mujeres sin pareja que desean ser madres. Puede llegar a alcanzar un 80 por ciento de éxito en varios ciclos cuando se lleva a cabo en mujeres sin ninguna patología.

Otra de las técnicas más demandadas es la fecundación in vitro (FIV), que consiste en poner en contacto directo los espermatozoides con los óvulos. Resulta muy útil en casos de lesión severa o ausencia de las trompas de Falopio, de afectación severa de la calidad seminal, endometriosis moderada o alteraciones inmunológicas con trascendencia reproductiva, entre otras. En este caso, su éxito viene determinado por la edad de la paciente y el número y calidad de los embriones trasferidos.

El diagnóstico genético preimplantacional consiste en un conjunto de procedimientos destinado a conocer características genéticas de los embriones obtenidos mediante FIV con el fin de seleccionar los que resultan idóneos para su transferencia al útero. Principalmente, acuden a este método pacientes afectados o portadores de enfermedades transmisibles genéticamente y debidas a la alteración de un gen.

La donación de embriones y de ovocitos cierra la clasificación de los principales tratamientos de reproducción asistida. En el primero de ellos se transfieren embriones que llevan carga genética de otro varón y otra mujer, mientras que la segunda es la técnica que consiste en realizar una FIV con el semen de la pareja y los óvulos donados por otra mujer. Este último proceso es el que mejores resultados produce, según la SEF, consiguiendo un 50 por ciento probabilidades de éxito por ciclo.

Por último, muchas mujeres optan por la preservación de la fertilidad, que tiene como fin conseguir un embarazo no de forma inmediata. Esta decisión puede tomarse, entre otros motivos, debido al diagnóstico de un cáncer. También puede darse en mujeres que no desean ser madres en ese momento, pero que no quieren exponerse a los riesgos que conlleva un retraso en la maternidad.

Todas estas técnicas de reproducción asistida y de preservación de la fertilidad sirven como puente a una maternidad deseada. Y es que nadie mejor que la propia mujer para saber cuándo es el momento adecuado de convertirse en mamá. Desde Merck deseamos un feliz Día de la Madre tanto a aquellas que ya han conseguido serlo como aquellas que se encuentran en el camino.

 

Departamento de Comunicación de Merck

 

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