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Meningitis: la importancia de una detección temprana

Fiebre alta, rigidez en el cuello, dolor de cabeza intenso, náuseas, vómitos, confusión o dificultad para concentrarse… estos síntomas pueden parecer, a priori, comunes en afecciones como una gripe común, pero si van acompañados de otros como sensibilidad a la luz, falta de apetito o sed, erupción cutánea, convulsiones o somnolencia y dificultad para caminar puede darse el caso de que estemos ante una meningitis.

Esta enfermedad se caracteriza por la inflamación del tejido delgado que rodea el cerebro y la médula espinal, llamado meninge. Dentro de la meningitis, podemos diferenciar dos tipos: la más leve es la meningitis viral, que se da cuando un virus penetra en el organismo a través de la nariz o la boca y se traslada al cerebro; el segundo tipo, la meningitis bacteriana, es mortal aproximadamente en el 10 por ciento de los casos. Sin embargo, algunas de las personas que sobreviven (hasta un 20 por ciento) quedan con minusvalías u otras secuelas, tal y como indica la Asociación Española contra la Meningitis.

La meningitis bacteriana suele comenzar con bacterias que causan infecciones parecidas a la gripe, y puede causar un ataque cerebral, sordera, lesiones cerebrales y dañar otros órganos. Además, esta clase de meningitis puede ser producida por las infecciones por neumococo y las infecciones meningocócicas, y suele darse en niños menores de 5 años y los jóvenes de entre 15 y 24 años.

¿Cómo se transmite la meningitis? La infección se contagia solamente de persona a persona, a través de gotas de saliva. Por eso, un clima seco y con vientos fomenta su propagación. Según establece la Organización Mundial de la Salud, entre un 10 y un 25 por ciento de la población mundial porta las bacterias menigocócicas, aunque la gran mayoría de este porcentaje son portadores sanos.  En este sentido, una persona puede ser portadora de la bacteria sin que presente ningún síntoma y, en cambio, propagarla con un simple estornudo. Estas personas pueden portar el virus aproximadamente entre cinco y quince semanas y el periodo medio de incubación puede oscilar entre dos y diez días.

¿Cómo no confundir la meningitis con otras patologías más leves? Según la Asociación Española contra la Meningitis , el reconocimiento precoz de los síntomas es vital para lograr la curación total, aunque es fácil confundirlos con los de otras infecciones banales. En este sentido, existen algunos signos que pueden orientar hacia la enfermedad antes de que aparezcan otras manifestaciones más específicas; entre ellos cabe destacar el dolor en las piernas, pies y manos fríos o color pálido violáceo en la piel. También se pueden tener en cuenta otras señales, tales como la disminución del nivel de conciencia y las convulsiones. Cualquiera de estos síntomas que se den en un niño con fiebre, por causa desconocida, deberá alertar de la posibilidad de estar desarrollando una infección menigocócica. En este sentido, es vital reconocer rápidamente un signo clave en la detección de esta patología: se trata de las petiquias, unas pequeñas manchas de color rojo o morado que aparecen, normalmente, primero en el torso, y en poco tiempo en el resto del cuerpo. Para saber si éstas son peligrosas, bastaría con presionarlas con un vaso; si no desaparecieran, sería preciso obtener ayuda médica con urgencia.

Reconocer este y otros síntomas puede ser vital para minimizar los posibles daños que la meningitis bacteriana pueda lograr. Por ello, ante la presencia de algunos de los síntomas anteriormente mencionados, si se tiene cualquier tipo de duda, pida ayuda médica; de esta forma, se podrán evitar peores consecuencias.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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