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Cómo la nanotecnología puede ayudar al futuro de los trasplantes

El principal problema al que se enfrentan diariamente los especialistas en el campo de los trasplantes, en ocasiones muy difícil de solventar, es su carácter inmediato. Y es que órganos como el corazón, el hígado o los pulmones solo sobreviven unas horas antes de trasplantarse en el paciente. Por ello, la operación y los trámites deben llevarse a cabo con la mayor rapidez posible.

Pese a que es posible criopreservar los órganos mediante vitrificación, no se ha conseguido llevar a cabo ese proceso sin que los tejidos sufran daños irreversibles. Por eso se están desarrollando estudios e investigaciones para aplicar las posibilidades que ofrece la nanotecnología en este campo.

Pero… ¿qué es y en qué consiste exactamente la nanotecnología? ¿Qué aportaciones podría tener en el campo de los trasplantes? Se podría definir como el desarrollo de la ciencia y la tecnología a niveles atómicos y moleculares, en la escala de aproximadamente 1-100 nm, para obtener una compresión fundamental de fenómenos y materiales de dicha escala namométrica y así crear y usar estructuras, dispositivos y sistemas con nuevas propiedades y funciones debido a su tamaño.

Un estudio publicado recientemente en la revista ‘Science Translation Medicine’ revela que se puede usar la nanotecnología para recalentar muestras criogenizadas, sin dañar tejidos congelados delicados, por lo que podría ayudar a hacer realidad la conservación criogénica de órganos durante un periodo largo de tiempo.

Según este estudio, llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Minnessota (EEUU) y liderado por John C. Bischof, la ‘descongelación’ de células y tejidos se hace mediante calentamiento inductivo por radiofrecuencia, utilizando nanopartículas magnéticas suspendidas en una solución crioprotectora. Estas nanopartículas aplican el calor de una forma tan rápida y uniforme que evita la formación de cristales de hielo y los daños que se producen habitualmente en ese proceso de descongelación.

A través de este mecanismo innovador, han conseguido recalentar a gran escala válvulas de animales y conservar los vasos sanguíneos a temperaturas muy bajas. Hasta ahora, los investigadores sólo habían sido capaces de mostrar el éxito en alrededor de un mililitro de tejido y solución, y este estudio escala hasta los 50 mililitros, lo que supone que existe una posibilidad muy alta de poder escalar hasta sistemas aún mayores como los órganos.

Actualmente, más del 60 por ciento de los corazones y los pulmones donados para un trasplante se desechan cada año porque los tejidos no pueden mantenerse en hielo más de cuatro horas. De lograr que esta técnica pueda aplicarse a órganos, las listas de espera de trasplantes lograrían una importante reducción.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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