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Primer propósito del año: cuidar mi salud

El 31 de diciembre se acerca y, como cada final de año, nos lamentamos por los propósitos no cumplidos y comenzamos a pensar en los que nos plantearemos para el nuevo que empieza. Ir al gimnasio, dejar de fumar, comer mejor… son solo algunos ejemplos de lo que cada año queremos cumplir y no siempre somos capaces o no le ponemos demasiadas ganas.

Casi todos los propósitos que nos planteamos cada principio de año están en mayor o menor medida relacionados con nuestra salud. El primero de ellos, y muy común en la población general, es el de apuntarse al gimnasio o hacer cualquier tipo de deporte o actividad física. Lo primero que debemos preguntarnos para afrontar este objetivo es por qué no fuimos capaces de llevarlo a cabo en años anteriores, qué falló y cómo puedo hacer para lograrlo de una vez por todas.

Detrás de este propósito se esconde otro, y es el que afecta a nuestra apariencia física. Hacer deporte para adelgazar y guardar la línea. Sin embargo, ¿qué ocurre si nos planteamos esta idea para mejorar nuestra salud tanto física como mental y no solo para guardar la línea?

En este sentido, el ejercicio es la piedra angular para cuidar nuestra salud cardiovascular. En relación a la prevención del desarrollo de enfermedades cardiometabólicas, la actividad física incide favorablemente en aspectos como la prevención primaria y secundaria de la angina de pecho y del infarto cardiaco. También incide positivamente en evitar el sobrepeso y la obesidad, permite bajar la presión arterial, aumenta la fracción de colesterol ‘bueno’ y disminuye la del colesterol ‘malo’, reduciendo el riesgo de padecer diabetes.

Además de incidir directamente en nuestra salud cardiovascular, también posee grandes beneficios en nuestra salud mental. No es ningún secreto que un estilo de vida activo proporciona un aparente efecto protector contra la incidencia de trastornos mentales como la ansiedad y la depresión. Recientemente, un estudio del Instituto Black Dog, de Sidney (Australia), publicado en la revista American Journal of Psychiatry, aseguraba que practicar una hora de ejercicio semanal podría prevenir los efectos de la depresión, considerada por la Organización Mundial de la Salud como la principal causa de discapacidad a nivel mundial.

Otro de los objetivos que más nos traen de cabeza es el de mejorar nuestra alimentación. En este caso, los inicios suelen ser alentadores, pero poco a poco regresamos a nuestra “vida anterior”. Respecto a ello, es clave que hagamos de comer de forma equilibrada una costumbre más en nuestra rutina diaria, con ello, además de mantenernos en forma, sin coger peso, reduciremos el riesgo de sufrir enfermedades como el síndrome coronario agudo o la diabetes y nos encontraremos mejor también mentalmente.

Dejar de fumar es otro de los objetivos que cada 1 de enero ponemos en marcha, pero que rápidamente cae en saco roto. En este caso, lo primero que debemos tener en cuenta son los grandes efectos negativos que tienen en nuestro organismo. Y es que el tabaco es una de las principales causas de muerte evitable en el mundo, además de ser un factor principal de riesgo de enfermedades crónicas. Después de leer esto… ¿sigues teniendo ganas de llevarte un cigarro a la boca?

Estos son, entre otros, los principales propósitos que cada año queremos poner en práctica, pero que se podrían englobar en uno solo: cuidar mi salud. Bajo esta premisa, deberíamos ser capaces de cambiar nuestros hábitos para llevar una vida más sana. Y, aunque esté a punto de finalizar el año, recordad que cualquier momento es bueno para cuidarnos. ¡Feliz 2018!

 

Departamento de Comunicación de Merck

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