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Resaca emocional, ¿cómo afrontarla?

Cansancio, dolor de cabeza, malestar en el estómago, somnolencia… Estos síntomas podrían resultar similares a los que se sienten la mañana siguiente tras una larga noche de ingesta de alcohol. Y es que, lo que se conoce comúnmente como resaca puede deberse tanto al alcohol como a un shock o golpe emocional. En este último caso, los síntomas perduran más en el tiempo y es imprescindible aprender a superarlos para continuar de forma sana con nuestra vida.

La resaca emocional viene causada por un shock o golpe emocional fuerte, que nos dificulta, y algunos casos nos impide, continuar con nuestras vidas. El fallecimiento de un ser querido, un accidente, un susto grande o una situación traumática inesperada, entre otras muchas posibilidades, pueden llegar a afectar de forma grave a nuestra salud mental y física.

Ese golpe emocional puede acarrear en nosotros efectos más duraderos de lo que imaginábamos; por ello, es importante saber en qué consiste la resaca emocional, cómo podemos afrontarla, con qué herramientas contamos y cuándo debemos pedir ayuda.

Tras pasar un momento difícil, tu cuerpo se pone en estado de alerta y segrega componentes físicos que hacen que te sientas más fuerte para hacer frente a esas situaciones. Este sobreesfuerzo de tu cuerpo puede provocar dolores y malestar general. Eso sí, estos síntomas no van a aparecer durante los momentos de nervios, pena o estrés, sino después, cuando tu cuerpo deja de estar en estado de alerta y supervivencia, como ocurriría después de la ingesta de alcohol.

Lo primero que tienes que hacer es descansar. Has pasado por un periodo emocional muy intenso y necesitas recuperarte. No es necesario que dejes de lado tus tareas diarias, sino que organices tus horarios para acostarte antes.

La alimentación y la hidratación son claves para purificar tu cuerpo. Cambia tu dieta y aléjate de la comida basura y del alcohol durante una temporada. De esta forma, lograrás llegar a un equilibrio físico y mental, tan necesario en momentos así. En este sentido, dedicar tiempo para pasear y desconectar de la tecnología te ayudará a reflexionar, descartar malos pensamientos y plantear soluciones.

Un libro, una canción, una película… No importa cuántas veces lo hayas leído o escuchado, lo importante es que recurras a él si te funciona y contribuye a que estés mejor. No dejes de cuidarte, de arreglarte, de hacer deporte ni de darte algún capricho; estar bien por fuera hará que te sientas mejor por dentro. Tampoco dejes de hacer planes, de conocer a gente y de plantearte objetivos, te ayudarán a que tu mente esté ocupada hasta que poco a poco ese malestar emocional vaya disminuyendo. No te olvides de tu familia y amigos; ellos están deseando ayudarte, ¡déjales que te hagan la vida más fácil!

Si te sientes con ganas de hablar y desahogarte, ¡hazlo! Siempre habrá alguien dispuesto a escucharte. Y si ves que esta etapa dura más de lo que pensabas, es probable que necesites ayuda. En ese caso, ¡pídela! Son momentos en los que tú eres la prioridad; quiérete y dedícate todo el tiempo que necesites. Tu bienestar físico y mental es el principal objetivo.

 

Departamento de Comunicación de Merck

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