tuberculosis

Tuberculosis, sin caer en el olvido

Cuando escuchamos el término ‘tuberculosis’, nuestra mente suele identificarla como una enfermedad del pasado que arrasaba con todo aquel que se ponía en su camino. En concreto, los primeros estudios sobre esta patología datan de la Grecia Clásica, en la que se la empezó a conocer como tisis. Su ‘época negra’ tuvo lugar en Europa, se inició a comienzos del siglo XVII y continuó durante aproximadamente 200 años. Entonces se la conoció como la ‘gran plaga blanca’ y provocó un índice altísimo de mortalidad, reduciéndose drásticamente a partir del siglo XX.

En un principio, se creía que la enfermedad era debida a la carencia crónica alimenticia, y no fue hasta 1988 cuando el médico prusiano Robert Koch comunicó a la Sociedad Fisiológica de Berlín el descubrimiento del bacilo causante, el Mycobacterium tubercolosis. Esta bacteria se trasmite de una persona a otra a través de gotículas generadas en el aparato respiratorio de pacientes con enfermedad pulmonar activa. Por tanto, esta infección suele ser asintomática en personas sanas, dado que su sistema inmunitario actúa formando una barrera alrededor de la bacteria, y afecta a aquellos cuyo sistema inmunitario está debilitado por distintas patologías. Los síntomas comunes que produce van desde la tos productiva (a veces con sangre en el esputo), dolores torácicos, debilidad, pérdida de peso, fiebre y sudores nocturnos.

Desde ese descubrimiento, clave para luchar contra la enfermedad, los avances e investigaciones están dando buenos resultados. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en los últimos quince años se han salvado 49 millones de vidas, y la incidencia mundial ha disminuido un 1,5 por ciento al año desde 2000 y un 18 por ciento en total.

En contrapartida a estos datos, la tuberculosis sigue siendo una de las diez principales causas de mortalidad en el mundo; en 2016 provocó que 10,4 millones de personas enfermaran y 1,7 millones murieran. Además, según la OMS, siete países acaparan el 64% de la mortalidad total: encabezados por la India, le siguen Indonesia, China, Filipinas, Pakistán, Nigeria y Sudáfrica. Y es que más del 95 por ciento de fallecimientos se dan en países en vías de desarrollo.

El riesgo de contraer tuberculosis viene dado, sobre todo, por las condiciones higiénico-ambientales y por la existencia de otras enfermedades como la diabetes, la uremia, el sarampión o el SIDA… En concreto, en 2016 el riesgo de desarrollar tuberculosis entre los 37 millones de personas que viven con VIH era aproximadamente 21 veces mayor que el riesgo que corría el resto de la población mundial. En 2016, por ejemplo, se registraron 374.000 fallecimientos por tuberculosis entre personas que viven con el VIH, lo que representa casi el 40 por ciento de todas las muertes relacionadas con el SIDA. El consumo de tabaco también aumenta considerablemente el riesgo de enfermar de tuberculosis y de morir por esta misma causa.

Pese a que poco a poco el índice de mortalidad se va reduciendo, no podemos hablar del fin de una epidemia, una meta que se ha propuesto la Organización Mundial de la Salud de cara a 2030 y que ha plasmado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados en 2015.

Departamento de Comunicación de Merck

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