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La industria farmacéutica, la investigación en salud y la creación de valor compartido

  • Para las empresas farmacéuticas debería ser más sencillo identificar cuáles son las necesidades de la sociedad con las que podría contribuir a mejorar, desde la sostenibilidad del sistema a la generación de información útil para el mismo.
  • En la industria farmacéutica se desarrollan dos tipos de investigación médica: una que es la investigación con fármacos y otra que trata sobre el concepto regulatorio de estudios observacionales no postautorización.

 

Michael Porter, el afamado economista profesor de Harvard y líder mundial en estrategia empresarial, abogaba a principios del año que acaba de terminar (2011) por una evolución desde el concepto de responsabilidad social corporativa (RSC) hacia la necesidad de que las empresas asuman una obligación de creación de valor compartido (CVC). Esta última se basaría en el principio de generación de valor económico para las empresas de una manera que también produzca valor para la sociedad mediante el abordaje de sus necesidades y retos.

Con ello, las corporaciones evitarían la percepción por parte de alguna parte de la sociedad de que la prosperidad de aquellas es a costa del bienestar de ésta. Se pasaría así de un modelo de RSC, en el que las acciones se basarían en cierta filantropía para mejorar la reputación en respuesta a presiones externas, a un modelo de CVC en el que los planes para con la sociedad serían esenciales para competir y maximizar beneficios.

Para las empresas farmacéuticas, como parte integrante de los sistemas de salud, debería ser más sencillo identificar cuáles son las necesidades de la sociedad con las que podría contribuir a mejorar, desde la sostenibilidad del sistema a la generación de información útil para el mismo.

Porter no aborda en su artículo el problema específico de las empresas farmacéuticas, si bien es reconocido como uno de los impulsores de la reforma del sistema de salud norteamericano y señala como una de las urgencias a acometer la necesidad de medir correctamente los resultados de todo el ciclo de cuidados en salud, para una condición médica dada y no separadamente para cada intervención. Lo que no puede ser medido, difícilmente puede mejorarse.

A trazo grueso en la industria farmacéutica hemos desarrollado siempre dos tipos de investigación médica: La primera es obviamente la investigación con fármacos, acometida casi siempre con un enfoque mundial y vital para la pervivencia de las compañías, dado que los retornos de inversión caen bruscamente cuando los ciclos de vida de los productos expiran. La segunda la constituyen toda una panoplia de investigaciones que van más allá de los fármacos. Han sido los estudios tradicionalmente llamados epidemiológicos y que corresponderían actualmente al concepto regulatorio de estudios observacionales no postautorización.

Estos últimos estudios son un claro ejemplo de creación de valor compartido entre la sociedad y la industria farmacéutica. El foco de estas investigaciones ha sido tradicionalmente la prevalencia e incidencia de determinados estados de salud. Pero también pueden y deben ser objetivos tan diversos como el desarrollo de nuevos algoritmos o tests diagnósticos -a menudo injustamente considerada la hermana pobre de la investigación clínica- el desarrollo de sistemas para mejorar la salud mediante intervenciones no farmacológicas – desde el uso de SMS para dejar de fumar a acciones de refuerzo cognitivo vía enfermería; investigaciones sobre toma de decisiones médicas -como ejemplo este vídeo del psicólogo Dan Ariely y la investigación sobre la prescripción de AINE o el reemplazo de la cadera; la definición de nuevas variables subrogadas para medir estados de salud; la explotación de datos anónimos del sistema nacional de salud, la investigación en la comprensión de los datos de salud y del anumerismo por parte de los pacientes e incluso de los médicos, o la disparidad de variaciones en la práctica clínica que rompen la equidad del sistema.

Seguir adelante con este tipo de investigaciones en salud útiles para la sociedad requerirá el desarrollo de nuevos conocimientos y habilidades médico-científicas en los departamentos médicos de la industria, la identificación de nuevos interlocutores no necesariamente en la primera línea de la prescripción de los fármacos, la estabilidad regulatoria y la superación de recelos mutuos entre todos los agentes del sistema de salud.

Enrique Granados
Gerente Médico de Investigación Clínica en Merck España
@enrigranados

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